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Aborto de “discapacitados”

Aborto de “discapacitados”

Ante la posibilidad de tener un hijo “especial” sea Down o Autista, aunque hoy están considerados dentro de ellos a los que nacerían con labios leporinos o siquiera que les falte un par de dedos, en varios países “modernos” se permite abortarlos. En todos ellos se dice que el aborto debe ser libre y voluntario contando con una “decisión informada”.  

En el video: Cristian Deppeller pudo ser abortado, sus padres tuvieron la información sobre el estado de salud de su hijo, le dijeron que sería vegetal…ningún vegetal estudia hasta llegar a la universidad.

 

Hoy en día caben las preguntas en cuanto a la “libre” “decisión informada”: ¿Qué cir­cunstancias se dan en su toma de decisión? ¿Hasta qué punto se puede decir que está bien infor­mada y que actúa en libertad? ¿No estaremos ante una eugenesia institucionalizada por presión social? Ciertamente no es posible generalizar porque las circunstancias son múltiples, eso está claro, pero el hecho de que haya aumentado tan marcadamente el número de abortos voluntarios en los países en los que las técnicas de diagnóstico precoz se han extendido y la legislación lo permite, en un contexto social que considera que las personas con discapacidad son una carga, induce a pensar que se da una serie de circunstancias que, de modo más o menos claro, invita/empuja a la pareja a tomar una decisión contraria a la vida del nasciturus con “discapacidad” y que estamos más ante un consentimiento informado débil o aparente (si es que cabe la expresión).  

Una pobre valoración de lo que significa una vida con niño “especial”, creyendo que no será feliz; el temor a vivir una vida sacrificada y hostil; el temor a sentirse estigmatizado; el horror de no conseguir el hijo soñado… A ello se ha de sumar la presión que ejerce una sociedad hedonista y fuertemente utilitarista a través, quizá insensiblemente, de los familiares, amigos, compañeros de trabajo, los medios de comunica­ción, los propios profesionales sanitarios. Destaca igualmente la pésima información que las parejas reciben. Como bien afirman Parens y Asch en un artículo emblemático, las decisiones estarán bien informadas -es decir, los ejercicios de libertad serán auténticos- sólo cuando las personas de nuestra sociedad se aven­gan a aprender lo que de verdad significa y no significa la discapacidad, tanto para los propios individuos como para las familias.
Es grande el fardo que la pareja ha de llevar sobre sus hom­bros en esos momentos en que ha de tomar una decisión crítica, y muy claros y firmes los prin­cipios que ha de tener para que no se nublen por la noticia de que su próximo hijo. Pensar en primer lugar en la dignidad humana de su hijo y tener el convencimiento de que va a recibir por parte de la sociedad toda clase de apoyos han de ser pilares irreductibles en su toma de decisión. Libros como el escrito a dos manos por María Victoria Troncoso y su hijo Íñigo, el del matrimonio Bulit, el de Patricia Conway o el coordinado por Kathryn Lynard Soper pueden ayudarnos a ver la discapacidad con otros ojos, porque en ellos las madres reflexionan sobre cómo sus hijos con discapacidad intelectual enriquecen sus vidas, y lo que la sociedad ve y considera sólo como una desgracia y una carga, las madres terminan por considerarlo como un don, un regalo. Los Gobiernos, en vez de ampliar y facilitar las circunstancias en las que puede practicarse un aborto, convirtiéndolo cada vez más en un asunto trivial y de progresistas, deberían enfrentar seriamente la revitalización ética de nuestras sociedades en orden al respeto y la inclusión reales de todos los seres humanos.

“Vuelvo a repetirlo, la vida de mi hija con síndrome de Down que escribe, habla en público y disfruta ostensiblemente de la vida no es más valiosa que la de aquella otra niña con síndrome de Down que, además, tiene espectro autista y un retraso mental profundo. La clave del mensaje es simple: una discapacidad no puede ser principio de discriminación a la hora de decidir si debe o no tener acceso a la vida extrauterina. Es muy fácil decir: Nosotros no empujamos; nos limitamos a informar con la mayor objeti­vidad posible para que sea el matrimonio quien decida libremente. Pero la duda que, al menos a mí, me atenaza es si la sociedad occidental actual dota de real libertad e información para que la pareja pueda decidir con libertad. Y en el fondo veo una muestra descarada de la arbitrarie­dad y fraude con que nuestra sociedad actúa: que a estas alturas de nuestra civilización, poda­mos dar libertad para decidir sobre una vida humana basándonos en criterios tan profunda­mente discriminatorios”[1]

Como no dejan de reconocer PIORO, M y colaboradores[2], aunque es verdad que las directrices clínicas subrayan la obligación de respetar la autonomía reproductiva de las mujeres y el respeto también a las personas con discapacidad, no deja de ser cierto también que el hecho de que un facultativo pueda ser legalmente responsable si no ofrece a la embarazada la posibilidad de hacer un diagnóstico prenatal y su hijo nace luego con una discapacidad, es algo que pesa como una losa en su actuación profesional ordinaria, una circunstancia que va a generar tensiones entre ambas obligaciones y que, tal y como está el panorama social, no cabe la menor duda de que va a jugar en contra del nasciturus “especial”.  

 

 

 

 

 

 

 

Articulo condensado de “Informar no es persuadir y mucho menos manipular: La opción del aborto eugenésico”. Por: José Ramón Amor Pan en Ética y discapacidad

 

[1] FLÓREZ, J., “Diagnóstico prenatal del síndrome de Down y aborto voluntario”, Revista Síndrome de Down 93 (2007) 75.

[2] PIORO, M y col.: “Wrongful birth litigation and prenatal screening”, Canadian Medical Association Journal 179 (2008) 1030.

 

 

 

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