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La convivencia es perjudicial.

Las uniones convivenciales se han incrementado alarmantemente[1]Lo que antes era una decisión personal, referente a la intimidad de cada familia y tenía consecuencias solo en ella, hoy tiene repercusiones de magnitud social. Y es que en estas relaciones  al no existir compromiso formal alguno, la dedicación y esfuerzo de ambos convivientes es,significativamente, menor que en un matrimonio. Resultado, madres solteras, mayor índice de deserción escolar, alcoholismo,  drogadicción etc.

 

Un equipo de académicos encabezado por W. Bradford Wilcox de la Universidad de Virginia, Norval Glenn de la Universidad de Texas, y Linda Waite de la Universidad de Chicago; realizaron una interesante investigación patrocinada por el Center for the American Experiment; la Coalition for Marriage, Family and Couples Education; y el Institute for American Values, en cuanto a las diferencias entre el matrimonio y las uniones de hecho o convivenciales. 15 especialistas participaron en esta investigación y llegaron a las siguientes conclusiones, entre otras: 

 

El matrimonio facilita las buenas relaciones 

Las relaciones entre los convivientes y estos con sus hijos es comparativamente distinta y superior una de otra.

En Estados Unidos un 30% de jóvenes cuyos padres se habían divorciado, reconocieron tener malas relaciones con sus madres, algo que sólo admitían un 16% de los hijos cuyos padres habían permanecido casados.

 

La convivencia no es igual que el matrimonio

Se ha demostrado que quienes conviven se sienten mas solteros que comprometidos, esta inestabilidad emocional sería la causa por la cual los hijos de estas relaciones sean menos felices que la de los hijos producto de un matrimonio. Los padres convivientes proporcionan menos recursos económicos a sus hijos que los padres casados; así como igualmente proporcionan menos tiempo e intensidad de este a sus hijos. La explicación de este accionar u omisión seria justamente la ausencia o carencia de compromiso entre la pareja.

 

Los hijos criados fuera del matrimonio son más proclives a divorciarse o convertirse en padres solteros.

Tendencia, que se ha visto más fuertemente reflejada en las niñas.  Ellas tienen tres veces más posibilidades de convertirse en madres solteras que las hijas de padres casados.

Este estudio hace referencia a la mayor proclividad a ser padres solteros o al divorcio por la precaria imagen que tienen sobre el matrimonio. De allí se explicaría la persistencia de esta inclinación incluso en las siguientes generaciones.

 

El matrimonio es más que las ideas y prejuicios que cada día se difunden con mayor insistencia.

Persiste la idea que un matrimonio debe perdurar mientras exista el amor, descartándose el ideal de la perpetuidad.  Esta postura evidencia la carencia de una idea clara y precisa de lo que es el matrimonio.

Las normas que rigen el matrimonio (civil o religioso) conllevan el compromiso de respetarse, lo cual permite una mejora en las relaciones entre los conyugues. Compromiso de vivir juntos, mantener una relación sexual exclusiva y excluyente, formar una unión económica, convivir con los hijos, hacer pública la vida de casado, etc. Estos compromisos permiten un mejor nivel de vida emocional y psicológica, no solo en favor de la pareja de cónyuges sino en favor de los hijos.   Por el contrario, las uniones sustentadas únicamente en la felicidad y no en la voluntad; así como, la decisión común de respetar su compromiso de matrimonio de por vida, constituyen la parte débil y fragilidad de sus uniones.

 

El matrimonio tiene repercusiones biosociales en la familia.

Las buenas relaciones interfamiliares repercuten en la salud física de sus integrantes.

A esta conclusión se llegó al comprobarse que quienes estaban casados tenían niveles de testosterona inferiores que los varones que conviven o se encuentran divorciados.  Los estudios concluyen que la relación íntima, duradera y cotidiana con una mujer (esposa) tiene incidencia en la menor producción de testosterona y, por consiguiente, menor índice de agresividad y comisión de actos antisociales.

Igualmente, una familia unida conlleva a una repercusión positiva en las hijas de manera especial. Se comprobó que las hijas que no vivían con sus padres casados tenían su primera menstruación y eran más proclives a tener relaciones prematuramente comparativamente con las hijas que si vivían con sus padres casados. “…estos hallazgos (…) son plenamente coherentes con la hipótesis de que la cercanía del padre biológico inhibe el desarrollo de la pubertad de las hijas.”

 

El divorcio y los nacimientos fuera del matrimonio incrementan el riesgo de pobreza. 

Este estudio concluye en la mayor incidencia de pobreza en hogares monoparentales.  Se estima que entre el 20% y el 33% por ciento de las mujeres que se divorcian desembocan en la pobreza después del divorcio.

De esta conclusión, puede inferirse que quienes se mantienen en una relación de matrimonio tienen mayor prosperidad económica, ya sea por la unión de las remuneraciones o ingresos de ambos cónyuges o por la recepción de herencias en común o de al menos una de ellas. 

 

Los hombres casados ganan más dinero que los solteros con formación y perfiles profesionales semejantes. El estudio en comentario concluye que los hombres casados perciben un promedio de 10% y hasta un 40% que los solteros con perfiles profesionales y formación semejantes.

Aparentemente, los ingresos son más significativos en los hombres casados por la mayor dedicación de tiempo a esta labor. Además de evidenciarse un mayor cuidado en mantener su trabajo y mayor facilidad de encontrar más trabajos que los solteros. 

 

La soltería o divorcio incrementa el riesgo de fracaso escolar en los hijos.

Los hijos producto de un matrimonio tienen un mayor nivel de rendimiento y eficiencia escolar así como de estudios superiores, comparativamente con los hijos producto de una convivencia o de una familia monoparental. Los efectos de este sistema de vida familiar repercuten incluso en el nivel de rendimiento profesional. Por ejemplo, los niños cuyos padres se divorcian acaban con niveles de educación significativamente más bajos que los de hijos de una madre viuda.

El limitado nivel de eficiencia repercutirá incluso en el nivel de ingreso económico en el futuro.

 

Reduce el consumo de alcohol por parte de los padres e hijos adolescentes.

Se ha comprobado que los hijos criados por solo la madre tienen el doble de tendencia a probar alguna droga y los jóvenes adolescentes que viven sólo con el padre tienen tres veces más posibilidades.

Por el contrario los adolescentes que viven con ambos padres biológicos tienen mucha menos propensión a consumir drogas ilegales, alcohol y tabaco. 

 

 

 

[1] Según cifras proporcionadas por el Instituto Nacional de Estadística (INEI) en 1992 el porcentaje de mujeres convivientes era de 17.7% y en el año 2012 alcanzó el 33.9%; en el caso de las casadas, el porcentaje era 37.4% en 1992 y cayó a 23.1% en el 2012.

 

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