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La ideología de género sí existe

La ideología de género sí existe

Estrategia de negar su existencia no se sostiene

Comencemos por explorar el significado de la ideología para tener un punto de partida formal. Encontramos la siguiente acepción —pertinente en el caso que tratamos aquí— en L’Encyclopédie de L’Agora (2016, nuestra traducción):

En el uso común, la palabra ideología refiere un sinónimo vago de filosofía o de creencias; a menudo se usa en un sentido peyorativo para designar un discurso irreal. En el sentido más preciso que se le da en el mundo académico, significa una construcción mental colectiva cuyo propósito aparente es dar significado y sustento a un fenómeno, pero cuya verdadera función es forzar la aceptación de situaciones o ideas normalmente intolerables.

Tanto el uso común como el uso académico, se evoca un discurso que nos aleja de la realidad y que por ello es intolerable. Se aparenta un propósito cognitivo, pero en verdad pretende forzar la aceptación de lo inaceptable. La definición describe perfectamente lo que estamos viviendo en el Perú, y que refleja lo que ha venido sucediendo en otras latitudes, con un modus operandi similar por parte de colectivos militantes. Es entonces justo y preciso hablar de “ideología de género”.

Pero no basta con enunciar tal justeza y precisión del término. Procede denunciar su esencia seudocientífica. Mostraremos que su axioma fundamental encubre una raigambre ideológica y totalitaria. Quienes niegan la existencia de la ideología de género pretenden que en realidad se trata de una disciplina denominada “estudios de género” o “enfoque de género”. Como toda disciplina social, usa protocolos, procedimientos, terminología y metodologías científicas, pero eso no la convierte en una disciplina científica. Para ello, debería descubrir, enunciar y demostrar leyes científicas; debería desarrollar experimentos, modelación o comprobación repetible, auditable y verificable que arroje resultados similares, compatibles y no contradictorios respecto de lo que se pretende demostrar.

Los estudios de género no hacen nada de eso. Sus enunciados no soportan experimentación, modelación ni comprobación. Se sustentan por lo general en falacias de autoridad y muchas veces recurren en forma artificial a supuestos modelos cuantitativos o estadísticas que nada prueban o que terminan finalmente siguiendo el círculo falaz de premisas que se convierten en conclusiones y viceversa, sin pasar por una necesaria prueba de hipótesis.

Llegado el momento, cuando su pretensión de lograr aceptación de lo inaceptable es imposible, por un elemental principio de realidad (lo falso es inaceptable y no se sostiene en el tiempo), ya sus militantes y activistas se han extendido lo suficiente como para que, aplicando la fuerza ilegítima, intenten imponerse. Hacen efectivos boicots violentos a libros que los cuestionan. Estigmatizan, persiguen, acosan y castigan a los disidentes. Logran aprobar leyes draconianas contra quienes no cambien su forma de pensar o siquiera cuestionen sus axiomas.

La implantación violenta y obligatoria de la ideología de género en los programas educativos responde a la necesidad de adoctrinamiento de todo totalitarismo. De ese modo, los estudios de género no solo se manifiestan abiertamente como ideología, sino que devienen en una ideología totalitaria, tributaria de las élites culturales de izquierda, el neomarxismo cultural y la dictadura del relativismo.

Los padres de familia en el Perú se han organizado y protestan contra la imposición de la “Ideología de género” en las escuelas. Se pretende ridiculizar y estigmatizar las protestas entrevistando inopinadamente a padres de familia que protestan y que no serían capaces de dar una definición académica correcta de ideología de género ante el acoso de cámaras y micrófonos. Una estrategia supuestamente brillante, pero falaz. Es como si en la protesta por el peaje en Puente Piedra pidiéramos a quienes protestan una definición formal de peaje. Muy pocos ni siquiera conocen la etimología ni la definición técnica del término, pero aprecian y sufren los efectos de su implantación y por eso la protesta contra ese peaje corrupto es legítima. Lo mismo sucede con la protesta contra la ideología totalitaria de género.

Sabemos que la ideología de género tendrá un efecto funesto, como lo ha tenido en otras sociedades, banalizando y diluyendo el concepto de familia; auspiciando un falso derecho a decidir en niños y adolescentes que se encuentran en formación. Lo que se requiere es acompañamiento y guía para un desarrollo sano y genuino de la sexualidad, tanto en el tránsito de lo latente a lo activo, como en los espacios de indefinición sexual. Tal discrepancia entre sexo biológico y género, muchas veces es transitoria y propia de adolescentes. Su forma patológica es la disforia de género o el trastorno de identidad sexual.

Así, la falacia más evidente y por ello la más repetida como axioma fundamental por los promotores de la ideología totalitaria de género y sus campañas mediáticas, es que el género es una construcción cultural que poco o nada tiene que ver con el sexo biológico. Eso es un aserto absolutamente anticientífico. Si referimos estadísticas internacionales sobre homosexualidad, las cifras oscilan entre 3,4% y 8% de población LGTBI*, que es la que acusa diferencia entre sexo y género. Entonces la afirmación correcta respecto de la relación sexo-género no es que poco o nada tienen que ver, sino que por lo general —al menos en un 92%— el sexo biológico determina el género, mientras que con muy poca frecuencia —que puede llegar hasta el 8%— se establecen diferencias entre sexo y género. Aunque el género es un producto cultural, el sexo biológico determina en un 92% este género. Es decir, los géneros femenino y masculino cubren ese 92%, mientras el 8% restante corresponde a las 32, 64, 128 o más géneros “alternativos” en los que se expresa esta diferencia entre sexo y género.

Hace unos días, el prestigiado y mediático Dr. Elmer Huerta difundió en el diario El Comercio un artículo en el que se afirmaba que un ambiente más cercano a la igualdad de género produce jóvenes más inteligentes. El estudio cuantitativo sobre el que se basaba el artículo hablaba de un 59% de correlación. Esto es, un coeficiente de determinación bastante débil. Con esa cifra deberíamos rechazar la causalidad como hipótesis. Pero el Dr. Huerta no tuvo ningún problema en difundir esa supuesta causalidad entre “igualdad de género” y mayor inteligencia juvenil.

En el caso de sexo y género, estamos hablando del equivalente a una correlación de 92%. Por lo tanto, la determinación del género a partir del sexo biológico se acerca muchísimo al 100%. No es el caso del artículo mencionado, en el que se acepta apenas un 59% de correlación. Así, aunque cada quien siga su propio camino para alcanzar la femineidad o masculinidad en su diversa evolución personal y cultural, se muestra en forma inapelable que el género es una consecuencia directísima del sexo biológico. ¿Aceptará el Dr. Huerta la contundencia de estas cifras? ¿Un 59% de correlación es acaso mayor que 93%? No solo se muestra que el enfoque de género es en verdad una ideología, y por lo tanto la ideología de género sí existe, sino que además es de tipo totalitario.

 

* Francia 6.6% (Cann y Kraus, 2011); EE.UU. 3.4% (Gallup, 2012); Italia 6.7% (ISTAT, 2011); Canadá 5.3% (Forum Poll, 2012); Gran Bretaña 8.0% (Mann, 2014)

 

 

EL MONTONERO del 25 de enero del 2017

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