Select Page

LAS CONSECUENCIAS DE REDEFINIR EL MATRIMONIO

El matrimonio no entraña únicamente el interés de las parejas que procuran unirse. Constituye la supervivencia de la sociedad y del Estado mismo.
 
En los países en donde se admitió el matrimonio gay el deterioro social son encadenantes a un mayor declive.  Y es que estas uniones tienen un bajo nivel de permanencia en el tiempo y estabilidad emocional.  ¿Siendo así, que sucede con los hijos que adoptaron?  El indice de suicidios se incrementa en los países en donde se legalizaron estas uniones ¿Por qué? Conlleva a una frustración mas, pero mas dolorosa    

 

¿Por qué el Estado se preocupa por el matrimonio?

Si redefinimos el matrimonio para que se trate más de un romanticismo entre adultos o de deseos de adultos involucrados por su propia y libre voluntad, que de las necesidades de los niños, se transmitiría el mensaje de que hombres y mujeres son esencialmente intercambiables y que por ende las madres y los padres son intercambiables, y que dos madres o dos padres es lo mismo que una madre y un padre casados.

Conocemos las estadísticas: los niños que crecen sin un padre tienen cinco veces más probabilidades de vivir en la pobreza y cometer delitos, nueve veces más probabilidades de abandonar la escuela y veinte veces más probabilidades de terminar en prisión.  Es mucho más probable que tengan problemas de conducta o que escapen de sus hogares, o que se conviertan en padres adolescentes. Los cimientos de nuestra comunidad son más débiles por ese motivo. ¿Quién es el autor de esta cita?  El presidente Obama antes de desarrollar el tema del matrimonio. 

Obama entiende por qué los padres son tan esenciales para los niños.  Creció sin su padre y sabe de primera mano que a los niños les resulta todo cuesta arriba cuando crecen sin un padre que participe en sus vidas. Cuando les habló a los graduados, todos ellos varones, de Morehouse College, hizo hincapié en la importancia de los padres cuando dijo: “Intenté ser para Michelle y para mis hijas lo que mi padre no fue para mi madre y para mí.  Quiero romper con ese ciclo”.

Nada de esto quiere decir que los niños que crecieron fuera del matrimonio están de algún modo condenados al fracaso.  Un niño desea más que nada en el mundo tener una relación con las dos personas que le dieron la vida, con su madre y con su padre.  Las personas que no gozan de este gran don, sin tener la culpa de ello, tienen un duro camino por recorrer.

Tampoco tengo intenciones de ser crítico con las madres solteras.  En todo caso, las madres solteras suelen ser las personas más heroicas de nuestra sociedad, ya que después de que sus novios o esposos las abandonaran, tanto a ellas como a sus hijos, fueron las únicas que estuvieron presentes para ayudar en la crianza de ese niño.  También son muchas veces las primeras en decir cuánto hubieran deseado que ese hombre se hubiera hecho cargo y se hubiera comprometido tanto ellas como con sus hijos.

Lo que hemos visto durante el transcurso de los últimos cuarenta años con la ruptura de la familia estadounidense es que con niños nacidos y criados fuera de una familia conformada por un padre y una madre unidos en matrimonio es mucho más probable ver la pobreza infantil. Aquí es cuando existen más probabilidades de ver un aumento en el delito, una disminución en la movilidad social. Aquí es cuando los gastos de bienestar social del gobierno comenzaron a tomar vuelo.

Entonces, todas sus preocupaciones, si es que se preocupan por la justicia social, por un gobierno limitado, por los pobres y por la libertad, estarían mucho mejor apaciguadas por una cultura sana de matrimonio más que por una gran solución de estado que intenta levantar los pedazos que quedaron de una cultura de matrimonio hecha trizas, una gran solución del gobierno en forma de estado de bienestar o estado de policía.

Hoy en día, las estadísticas indican que el cuarenta por ciento de todos los estadounidenses nacen fuera del matrimonio, cincuenta por ciento de los hispanos y setenta por ciento de los afroamericanos. Sin que estos niños tengan culpa alguna, serán los que deberán enfrentar un desafío mucho más duro en la vida para lograr movilidad social, alcanzar el bienestar y lograr una vida próspera. 

 

Tres consecuencias de redefinir el matrimonio

He llegado a la conclusión de que la mención de tres maneras de redefinir el matrimonio tendrá consecuencias negativas, ya que podrían estar de acuerdo conmigo y decir que sí, que el matrimonio se trata de unir a un hombre y a una mujer, a un esposo y a una esposa, a un padre y a una madre.  Posiblemente estén de acuerdo conmigo en que el matrimonio es importante porque es la institución que mejor protege a los niños de la pobreza, es la mejor garantía de movilidad social y la que más límites le pone al monstruo del estado. 

Sin embargo, ustedes podrían preguntar: ¿cómo puede ser que el hecho de permitir que Adam y Steve se casen tenga un impacto en esto?  ¿Cómo es que la redefinición del matrimonio podría de algún modo hacerte daño a ti o a tu matrimonio?  Déjenme hacer mención de tres maneras en que lo hará, bajo el siguiente título general: “Las ideas tienen consecuencias y las malas ideas tienen malas consecuencias”.  La ley determina a la cultura, la cultura determina a las creencias y nuestras creencias le dan forma a nuestras acciones.  La redefinición del matrimonio reemplaza una visión de lo que es el matrimonio con otra distinta, debilitando de este modo la interpretación del matrimonio que justifica las normas maritales en primer lugar.

 

La primera consecuencia es que si redefinimos el matrimonio para convertirlo en una institución sin género, no existirá ninguna otra institución en la sociedad civil que confirme, incluso como un ideal, que todos los niños merecen tener una madre y un padre. 

Si redefinimos el matrimonio para que se trate más de un romanticismo entre adultos o de deseos de adultos involucrados por su propia y libre voluntad, que de las necesidades de los niños, se transmitiría el mensaje de que hombres y mujeres son esencialmente intercambiables y que por ende las madres y los padres son intercambiables, y que dos madres o dos padres es lo mismo que una madre y un padre casados.

Si tienen dudas de que la ley enseña, pueden remitirse a cuando redefinimos el matrimonio por primera vez en los setenta y en los ochenta con el divorcio sin culpa (“no-fault divorce“).  Antes, las tasas de divorcio en Estados Unidos eran relativamente bajas, para luego aumentar aproximadamente al cincuenta por ciento y volver a bajar a alrededor del cuarenta por ciento.

Uno de los motivos por los que vimos que la tasa de divorcio se disparara de ese modo es que en un punto el derecho estadounidense exigía que al presentar la demanda de divorcio se indicara la culpa y las tres A del sistema del common law eran abuso, abandono y adulterio.  Debía indicarse un motivo para poner fin al matrimonio -mi cónyuge abusa de mí, mi cónyuge me abandonó, mi cónyuge cometió adulterio- motivos serios para finalizar una relación que de otro modo se hubiera esperado que fuera permanente, es decir, que debía durar hasta que la muerte los separe.  Sin embargo, con el divorcio sin culpa un cónyuge ahora puede abandonar a su pareja por cualquier motivo o sin ningún motivo.  La ley ahora nos enseña que ni siquiera es necesario que el matrimonio aspire a ser permanente.  La ley determina a la cultura, la cultura determina nuestras creencias y nuestras creencias le dan forma a nuestras acciones.

Del mismo modo, si en este mismo momento el problema social más importante que enfrentamos en Estados Unidos es el ausentismo paterno, ¿cómo podremos insistir en que los padres son esenciales cuando la ley ha redefinido el matrimonio para hacer que los padres sean optativos? Esta es la pregunta para el presidente Obama después de desarrollar el tema del matrimonio.

Aquí está entonces la primera consecuencia: redefinirá el objetivo del matrimonio, la interpretación del matrimonio. No centrará el matrimonio en asegurar el mejor entorno estable para los niños, sino en permitir el romanticismo adulto.  Hace que los hombres y las mujeres, las madres y los padres, sean intercambiables.

 

La segunda consecuencia es que no existen motivos para pensar que la redefinición del matrimonio llegaría a su fin. 

Ya hemos visto que los defensores de izquierda acuñan tres nuevas palabras para describir cómo les gustaría que el matrimonio continúe redefiniéndose.  A continuación, explicaré brevemente cuales son esas tres palabras.

La primera es el término “throuple” (palabra formada por “three” (tres) y “couple” (pareja)).  El término “throuple” significa pareja de tres personas y fue introducido por la revista New York Magazine para definir a una relación poliamorosa –es un matrimonio grupal. En una relación poliamorosa, el conjunto está casado el uno con el otro.  Así es como en esta pareja tripartita cada uno de sus miembros está casado con el otro.

Si alguien se presenta en un tribunal con el objeto de exigir la igualdad matrimonial para una pareja del mismo sexo y sostiene que la unión de un hombre y una mujer es irracional y arbitraria, ¿qué principio queda para negarle la igualdad matrimonial a un trío del mismo sexo o a un cuarteto de sexos opuestos?  No olviden que el eslogan que la izquierda utiliza es el de igualdad matrimonial.  Nunca responden a la pregunta de qué es el matrimonio.  Nunca nos dicen qué es el matrimonio, pero sí nos dicen que quieren igualdad.

También tienen otro eslogan: “El amor es igual al amor”.  Si se redefine el matrimonio según el lema “el amor es igual al amor” -como si se tratara de romance entre adultos, de cuidados entre adultos, de intimidad entre adultos-, ¿por qué debería ser algo que pueden formar sólo dos personas?  ¿Por qué no exigir la igualdad matrimonial para los tríos amorosos?  Porque, según el derecho estadounidense, se forma una pareja cuando un hombre y una mujer pueden unirse en un acto que produce una nueva vida y toda vida nueva tiene una madre y un padre.  Y el matrimonio consiste en unir a aquellas personas en una relación estable. 

Una vez que se dice que la unión entre un hombre y una mujer, una madre y un padre, es irracional y arbitraria, ¿en qué principios se basa la monogamia?  ¿Qué es lo que resulta mágico del número dos una vez que se niega que exista algo entre un hombre y una mujer?  De esto se trata el término “throuple“.

El próximo término es “monogamish” (palabra formada por “monogamy” (monogamia) con el sufijo “ish” (casi)). El término monogamish se introdujo en la revista dominical New York Times, una de las publicaciones más importantes abanderadas del pensamiento liberal. Se incluyó en el perfil del activista homosexual Dan Savage.  Dan Savage, en la parte de su perfil en la que sostiene que hay algo que las parejas heterosexuales pueden aprender de las parejas homosexuales, dice que podrían aprender las bondades de una relaciónmonogamish, que es una relación entre dos personas que no tienen “exclusividad sexual”.  Precisa que las parejas heterosexuales pueden aprender de las parejas homosexuales que no tienen que buscar su realización sexual dentro del matrimonio, que de hecho la unión emocional con su cónyuge podría mejorarse si ellos fueran libres de buscar otra gratificación sexual fuera de la institución matrimonial. Así fue como la denominó relación “monogamish“.

El último término es “wedlease” (palabra formada por “wed” (matrimonio) y “lease” (arrendamiento o alquiler)).  Este término se introdujo en las páginas de Washington Post un mes después de que la Suprema Corte resolviera el caso de Defensa de la Ley de Matrimonio.  La idea es que del mismo modo que uno puede alquilar un auto o una casa, deberíamos también poder alquilar un cónyuge.  Su autor, un abogado, sostenía que el problema con el matrimonio en los Estados Unidos es que tenemos una expectativa poco realista de que podemos ligar nuestro amor a otra persona hasta que la muerte nos separe – que el cincuenta por ciento de los matrimonios se divorcia porque tenemos esta expectativa poco realista y que no podemos vivir a la altura de la misma.  Sería mejor si no tuviéramos esa expectativa en primer lugar.  Entonces deberíamos tener licencias matrimoniales temporales – un arrendamiento matrimonial de cinco o diez años, en vez de un candado matrimonial (del inglés “wedlock“: palabra formada por “wed” (matrimonio) y “lock” (candado)).  El término wedlock denota algo fuerte, inquebrantable y permanente, mientras que wedlease indica exactamente lo opuesto.

Ahora bien, sin importar lo que piensen acerca de la moralidad o teología de las “throuples“, relaciones “monogamish” y “wedleases“, consideren sus consecuencias de orden público.  El gobierno se interesa por el matrimonio para alentar a que un hombre y una mujer se comprometan en forma permanente y exclusiva para que los niños que engendren crezcan dentro de una relación estable con una madre y un padre.  Sin embargo, las “throuples“, relaciones “monogamish” y “wedleases” aumentan las probabilidades de que los hombres tengan muchas parejas sexuales en relaciones de corta duración, por lo que engendrarán hijos con muchas mujeres, entre los cuales se dividirán su amor, su cuidado, su atención y su dinero.  Esta es una receta para crear familias fragmentadas y niños sin padres.

Pues bien, estos tres términos nuevos, estas tres formas de redefinir el matrimonio, surgirán como conclusiones lógicas de suprimir el aspecto procreativo propio del matrimonio entre un hombre y una mujer.  Una vez que se niega que el matrimonio tenga que ver con un hombre y una mujer, un esposo y una esposa, una madre y un padre, ¿por qué la relación debería ser permanente, exclusiva y monógama? Este es un cuestionamiento que surgirá naturalmente tanto por parte del hombre como de la mujer.

Entonces, la segunda consecuencia es que la redefinición del matrimonio para eliminar la complementariedad de hombre y mujer es que echa por tierra los principios en los que se basa la política del matrimonio – disuelve el matrimonio para convertirlo meramente en amor entre adultos involucrados por su propia y libre voluntad sin importar la cantidad de miembros que lo conformen o la forma que tenga.

 

La tercera consecuencia de la redefinición del matrimonio es que obstaculiza la libertad religiosa. 

Ya hemos visto que en Massachusetts, en Illinois y en el Distrito de Columbia el gobierno ha eliminado a los centros de acogida y adopción de católicos y evangélicos del sistema de adopción y espacios de acogida porque buscaban para los niños que acogían un hogar conformado por una madre y un padre unidos en matrimonio. El gobierno sostuvo que eso era discriminación. Debían tratar a las parejas del mismo sexo de la misma manera que a una madre y un padre casados.

Estos centros sostenían que las ciencias sociales sugerían que los niños se desenvuelven mejor con una madre y un padre y que aparte existía lo que se llama la Primera Enmienda.  Queremos encontrar madres y padres casados para los niños que confían a nuestro cuidado.  No estamos tratando de evitar que parejas de homosexuales o lesbianas adopten en otros centros – en centros del estado o seculares, sino que sólo queremos administrar nuestros centros según nuestras creencias.

El gobierno les dijo que no, que no les darán la licencia para operar como centro de adopción. Por cierto, es ilegal administrar un centro de adopción sin una licencia y ello no ayuda de ningún modo a los niños.  No los ayuda de ninguna manera a encontrar hogares.  El cierre de los centros de adopción y programas de acogida sólo consigue un punto a favor de lo que es políticamente correcto, un punto a favor de las guerras sobre sexualidad adulta, pero no hace nada para ayudar a los niños.

Luego vemos casos de fotógrafos y floristas y de reposteros y posaderos, casi todos los profesionales que se cruzan con la industria del matrimonio, a los que una pareja del mismo sexo les pide que presten sus servicios para ayudarlos a celebrar su boda y que al negarse, son objeto de juicios iniciados por esa misma pareja.

No se negaron a prestar sus servicios a homosexuales o lesbianas.  Los medios dieron esa información, pero es inexacta.  Estos profesionales no tenían problema en hacer pasteles de cumpleaños para clientes homosexuales o lesbianas, no tenían problema en retratarlos, ni en armarles ramos florales para que se los regalaran a un enfermo.  Sí tenían problemas en utilizar los talentos que les regaló Dios para celebrar una boda entre personas del mismo sexo.  No querían usar los dones que les regaló Dios para decir una mentira sobre lo que ellos creen que es la verdad acerca de una sociedad instituida por Dios como el matrimonio.

Los fotógrafos y floristas evangelistas o católicos no tienen un monopolio en esas industrias; hay una cantidad innumerable de otros fotógrafos, floristas y reposteros que están más que dispuestos a prestar sus servicios en una boda de personas del mismo sexo y a ganarse ese dinero.  Entonces no podríamos nunca dar el ejemplo de que una pareja del mismo sexo se quedó sin arreglos florales, sin una torta o un fotógrafo para su boda.  De todos modos, estos profesionales fueron demandados y con mucha frecuencia han perdido esos juicios.

El ejemplo más famoso es el caso de Elane Photography en Nueva Méjico.  En 2006, Elaine Huguenin, una cristiana evangélica, se negó amablemente a tomar fotografías en una boda entre dos personas del mismo sexo.  En 2008, la Comisión de Derechos Humanos de Nueva Méjico resolvió que la fotógrafa había violado los derechos humanos de esa pareja.  El verano pasado, la Suprema Corte de Nueva Méjico que debía resolver una apelación presentada en dicha causa llegó a la conclusión, de acuerdo con la Comisión de Derechos Humanos de Nueva Méjico, que Elaine había violado sus derechos humanos.

En una opinión concurrente, uno de los jueces dijo que el precio de ciudadanía que Elaine debía pagar consistía en tomar esas fotografías.  No dijo que la pareja del mismo sexo debía haber recurrido a un fotógrafo diferente – vivir y dejar vivir.  No, dijo que ella debía violar sus creencias y prestarles sus servicios.

Entonces aquí viene la tercera consecuencia: la cuestión de que si los ciudadanos particulares, las asociaciones que forman, las comunidades que forman y las empresas que forman, serán libres de operar según sus creencias o si el gobierno forzará a todo el mundo a tratar y reconocer a las relaciones entre personas del mismo sexo como si fueran un matrimonio, incluso cuando eso va en contra de sus conciencias.

No importa lo que pase, lo esencial es tener una visión amplia y estar dispuestos a ser testigos de la verdad, incluso cuando la ley y la cultura se tornan cada vez más hostiles.  Existen lecciones que debemos aprender del movimiento a favor de la vida.

Sitúense en febrero de 1973, unas pocas semanas después del caso Roe.  La opinión pública se puso en contra del mismo en un margen de dos a uno.  Con cada día que pasaba, otra figura pública pro-vida -Ted Kennedy, Jesse Jackson, Al Gore, Bill Clinton – “evolucionaba” para abrazar la idea del aborto libre.  Los medios seguían insistiendo en que los jóvenes estaban a favor del derecho al aborto.  Las elites ridiculizaban a los que estaban a favor de la vida arguyendo que estaban en el lado equivocado de la historia.  Los que estaban a favor de la vida entraban en años; sus hijos estaban cada vez más en su contra.

Sin embargo, los valiente defensores de la vida pusieron las manos en el arado y hoy en día cosechan los frutos – hay una mayoría de estadounidenses que están a favor de la vida.  Es necesario que se repita todo lo que hizo el movimiento pro-vida, pero esta vez en el campo del matrimonio.

Leave a reply