Select Page

SECUELAS DEL TRAUMA POST ABORTO

Después del aborto puede sentirse entumecida, su duelo por la muerte de su hijo es embotado por sus fuertes sentimientos encontrados: sentimientos de ternura por su hijo y la negación defensiva de esos sentimientos, lo que le permitió someterse al procedimiento del aborto. Y es que el aborto no es la solución, es lo que empeorará la situación.

 

En cada aborto muere un niño en etapa temprana de desarrollo, antes de nacer. La muerte del niño es intencional y se lleva a cabo con el supuesto consentimiento de la madre (con o sin consentimiento del padre). Las secuelas negativas del aborto, que son en gran parte resultado de un duelo no resuelto y de la culpa, son más profundas para la madre del niño abortado pero también afectan al padre del niño, a los hermanos y a la familia extendida, a quienes lo realizaron y a quienes los aconsejaron y financiaron. Con más de 42 millones de abortos en el mundo cada año (cálculo de la Organización Mundial de la Salud para el 2003), no hay dudas de que la sociedad entera ha sido afectada negativamente.

Me gustaría repasar brevemente lo que he llamado “Las muchas caras del sufrimiento posaborto” (1) y lo que otros han llamado Trauma posaborto (2), y hablar sobre su tratamiento y prevención.

descarga

LAS MUJERES DESPUÉS DEL ABORTO

Cuando una mujer queda embarazada en una situación de crisis, calcula inmediatamente la fecha en que nacerá su hijo. Está consciente de los tiernos sentimientos que siente hacia su hijo a quien, si no toma ninguna medida para terminar el embarazo, cargará en sus brazos en esa fecha. Al mismo tiempo, sin embargo, a menudo se siente abrumada por el miedo, la ansiedad, las presiones externas, la sensación de no ser digna de ser madre y el temor a perder su relación con el padre del niño. Fuertes sentimientos encontrados nublan su habilidad de pensar claramente en lo que respecta a la decisión que está por tomar. Tiene la presión de hacerse un aborto durante los primeros tres meses del embarazo, ya que después de ese período puede no conseguir que se lo practiquen en la clínica de aborto local por el alto riesgo de complicaciones, y para poder guardar su secreto.

Después del aborto puede sentirse entumecida, su duelo por la muerte de su hijo es embotado por sus fuertes sentimientos encontrados: sentimientos de ternura por su hijo y la negación defensiva de esos sentimientos, lo que le permitió someterse al procedimiento del aborto. Puede continuar en este estado emocional por días, semanas o incluso muchos años. Las expectativas de la sociedad son que sentirá alivio y agradecimiento por haber “solucionado su problema” y de hecho ésta es la respuesta que típicamente da en las encuestas. En realidad, sin embargo, su vida interior suele estar atormentada por la culpa y la vergüenza, por pesadillas de bebés que son succionados por tubos o que mueren en sangrientos accidentes o en crímenes violentos. Puede que busque tratamiento médico para el insomnio y la ansiedad o que se automedique con alcohol y drogas ilegales para calmar su dolor. Al pasar el tiempo puede tener pensamientos intrusivos, día y noAborto, porque síche, y pueden desencadenarse recuerdos vívidos del aborto por experiencias cotidianas como un examen ginecológico o el sonido de la copa de succión en un consultorio odontológico. Puede estar seriamente deprimida o incluso tener tendencias suicidas. Su afecto está embotado, se siente entumecida. Puede presentar síntomas psicosomáticos, aversión a la intimidad sexual o, a la inversa, volverse promiscua como resultado de su terriblemente baja autoestima. Cuando está en este estado puede entrar en un ciclo de múltiples embarazos y abortos.

Típicamente la relación con el padre del niño termina abruptamente porque él no puede aceptarla en su estado de extrema angustia o porque ambos se ven como cómplices en la muerte de su hijo. Acontecimientos que tienen lugar regularmente como el Día de la Madre, el aniversario del aborto, la fecha en que el niño hubiera nacido y los cumpleaños subsiguientes, ver a un niño de la edad que su hijo hubiera tenido, el cumpleaños de otro niño, otra muerte en la familia, pueden desencadenar un torrente incontenible de sufrimiento, culpa y remordimiento. La sociedad no le ofrece apoyo alguno en su sufrimiento. A diferencia de otras muertes, no hay un funeral, ni una tumba a la que visitar, no hay consuelo por parte de amigos y parientes, ya que suelen no saber de su aborto o pueden haberla urgido a abortar y pagado el procedimiento.

Los síntomas que la hacen buscar ayuda médica –insomnio, depresión, tendencia suicida, estrés post-traumático, abuso de sustancias, infertilidad, desórdenes alimenticios, enfermedades psicosomáticas, problemas en las relaciones– deben investigarse y tratarse adecuadamente con terapia psicológica, medicación y/o remisión a especialistas. Pero, a menos que se comprenda y se trate la causa subyacente –el duelo por su hijo abortado– los síntomas reaparecerán o serán reemplazados por otros más severos. Al obtener su historia clínica, es importante preguntar sobre embarazos perdidos y determinar si la aparición de los síntomas puede estar relacionada cronológicamente con la muerte de un niño antes de su nacimiento. Aunque una mujer puede ser sincera sobre sus abortos espontáneos, la vergüenza y la culpa pueden hacerle prácticamente imposible admitir en su primera consulta que se hizo un aborto, o varios. Es importante cultivar una relación de apoyo y sin pasar juicio que le permita revelar su oscuro secreto. Debido a las relaciones abusivas y traumáticas con los hombres, contarle su vergonzoso relato a un médico puede ser especialmente difícil, incluso estar a solas con él en el consultorio puede precipitar una ansiedad paralizante. Puede sentirse más cómoda en presencia de una médica o una enfermera. De hecho, los libros de enfermería registran relatos de mujeres que han tenido recuerdos vívidos sobre su aborto durante el trabajo de parto y el parto en sí, y si esto se detecta y se ofrecen cuidados y apoyo, su camino a la sanación puede comenzar.

El tratamiento de las consecuencias psicológicas del aborto requiere que el terapeuta le permita compartir sus dolorosos recuerdos del espantoso procedimiento y las circunstancias que lo rodearon, junto con sus profundos sentimientos de culpa, vergüenza e ira con ella misma y con quienes insistieron en que se hiciera el aborto o quienes no le ofrecieron otra alternativa. Se debe tener especial cuidado de que al revivir la experiencia del aborto la mujer no sufra una ola de estrés postraumático que pueda volver a traumatizarla. La terapia psicológica suele acompañarse de medicación para tratar la ansiedad, la depresión o síntomas somáticos.

 

 

Condensado de Retratos de Sufrimiento por las secuelas del aborto por Joanne Angelo

 

 

 

Leave a reply